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Historia del Vino de Jerez.



Los fenicios fueron quienes introdujeron el cultivo de la vid

Las primeras noticias del Vino de Jerez nos llegan a través del geógrafo griego Estrabón (s. I a.C.), quien nos cuenta en su libro “Geografía” que fueron los fenicios, venidos desde la antigüa Fenicia (actual Líbano y Siria), los que trajeron las vides a Jerez alrededor del año 1.100 A.C. Ellos introdujeron también el arte de cultivar la vid y elaborar el vino.

Desde Xera, nombre que dieron los fenicios a Jerez, este pueblo de grandes comerciantes producía vinos que luego eran distribuidos por todo el Mediterráneo, con principal destino en Roma.

Estas y otras noticias nos constatan que las prácticas vinícolas de los bodegueros de Jerez tienen su origen hace más de 3.000 años.

Hacia el año 138 a.C. Escipión Emilianio pacifica la región Bética y se inicia la dominación romana, comenzando una corriente comercial entre Ceret, nombre romano de Jerez, y Roma, con productos muy apreciados de la zona, como el aceite de oliva, el vino de Ceret y el garum, una especie de salsa en escabeche que se producía en Baelo Claudia, Bolonia (Tarifa). Ya por aquel entonces la fama del “Vinum Ceretensis” traspasaba nuestras fronteras y era apreciado en todos los rincones del Imperio Romano.

Este vino se elaboraba cociendo el mosto recién fermentado, con la idea de que resistiera el transporte, obteniéndose vinos de altas graduaciones a los que había que añadir agua para su consumo.

En el año 711 da comienzo la dominación árabe en España, que durará en el caso de Jerez más de cinco siglos. Durante todo este tiempo “Sherish”, nombre que dan los árabes a Jerez, siguió siendo un importante centro de elaboración de vinos a pesar de la prohibición coránica.

La producción de pasas para alimentar a las tropas en la Guerra Santa y la obtención de alcohol con fines medicinales fueron usadas como argumento por los viticultores jerezanos muy hábilmente para impedir el arranque total de las vides y la prohibición de elaborar vino ordenada por el Califa Alhaken II, convencido por su visir Almanzor.

La Reconquista de Jerez por Alfonso X “El Sabio” en 1.264 supuso un nuevo impulso para nuestros vinos. El propio rey tuvo sus viñedos en “Xeres de la Frontera” y los cuidaba personalmente.




Al continuo crecimiento de los Vinos de Jerez por Europa se une también el comercio con las Américas tras el descubrimiento en 1.492. Con Enrique I de Inglaterra se produce el salto definitivo cuando, con la intención de desarrollar las manufacturas inglesas, propone a los jerezanos un trueque, lana inglesa por Vino de Jerez.

Viendo Enrique III de Castilla la fuente de riqueza que suponían para el reino las viñas de Jerez, por una Real Provisión de 1402 prohíbe que se arranque una sola cepa.

La creciente demanda de vinos de Jerez obliga al Cabildo de la ciudad a promulgar el 12 de agosto de 1.483 las Ordenanzas del Gremio de la Pasa y la Vendimia del Jerez, primer Reglamento de la Denominación de Origen Jerez, que regulaba los pormenores de la vendimia, las características de las “botas” (barricas), el sistema de crianza y los usos comerciales.

La posibilidad de almacenar vinos de diferentes cosechas y la necesidad de abastecer al mercado por petición de los comerciantes con una calidad y tipología estables da lugar a una de las aportaciones fundamentales de la vinatería jerezana: el método de envejecimiento denominado “Criaderas y Soleras”.

En definitiva, las distintas circunstancias históricas han ido moldeando la identidad de nuestros vinos de Jerez del mismo modo que su producción, su comercio y su disfrute.